FaceBook  Twitter  

Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada. (Lc 2, 6-7)

Como preparación a la navidad vamos a contemplar el misterio del nacimiento de Jesús que nos narra San Lucas. El evangelista se vale de datos históricos que aparecen en los primeros versículos: quién era el emperador y el gobernador de la región, el edicto de empadronamiento y la necesidad de ir a la población de origen, en este caso Belén. Y con estas indicaciones nos va describiendo los aspectos teológicos del niño que nace como esperanza de salvación para el género humano.

Las dificultades propias del desplazamiento desde Nazaret a pocos días de dar a luz y el no hallar posada en la ciudad para José y María, que les obliga a alojarse en un establo, nos hablan del nacimiento de Jesús como signo de humildad y obediencia a la voluntad Divina ante circunstancias que se presentan adversas. Este Niño, desprotegido y débil es el Señor, el Enmanuel descendiente del rey David, que cumple las esperanzas y profecías manifestadas en el Antiguo Testamento.

Resulta paradójico que el esperado de las naciones, el Cristo, es un niño pobre desprovisto de todo signo humano de majestad, realeza o fuerza. Es el cántico de los ángeles lo que nos desvela el acontecimiento salvador. La “gloria de Dios” que ama a cada hombre, se va realizando en la historia humana. Él ha querido acercarse a cada uno de nosotros, hablando un lenguaje comprensible a todos: el amor y la ternura del recién nacido. Así podemos entender que somos los predilectos del amor de Dios, que nos envía a su Hijo divino en presencia humana.

Ese Niño es Dios que se hace pequeño. Para que superemos todo miedo a la grandeza de la divinidad y nos acerquemos a Él con toda confianza. La gloria de Dios queda manifestada en la fragilidad y sencillez, signos propios de la condición humana.

Ante una noticia tan sorprendente los pastores se ponen inmediatamente en camino a Belén a ver lo que los ángeles les habían anunciado. Encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre, y a su regreso glorifican y alaban a Dios por todo lo que habían visto y oído acerca del Niño, y así, son los primeros testigos de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Los pastores alaban y anuncian a este Niño Salvador, que quiere entrar en nuestro corazón y guiarnos a lo largo de toda nuestra vida hacia la paz, la plenitud y la comunión con el Padre.

Llenémonos de esperanza y alegría porque Dios está en el mundo y hasta en la situaciones más complejas y dolorosas de nuestra existencia Jesucristo, el Emmanuel “Dios con nosotros”, camina a nuestro lado.

  • Voluntariado en Lourdes
    Los seminaristas que hemos trabajado como voluntarios en el santuario de la Virgen de Lourdes el pasado verano os contamos nuestra experiencia.
  • Testimonio y canción de Adrián Castilla
    Aquí comparto una experiencia de la acción de Dios en mi vida, concretamente en la que ha obrado en mi debilidad. Espero que os ayude.
  • 2000 años de luz
    Uno de los grandes éxitos de "La Otra Mejilla", el grupo musical del Seminario