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“Os daré pastores según mi Corazón” (Jer 3, 15). El nombramiento de D. Ginés Beltrán como nuevo obispo de Getafe debe llenarnos de alegría y confianza en Dios, que siempre es fiel a Su palabra.

La promesa que Dios nos hizo, ya en el Antiguo Testamento, de enviarnos “pastores” que nos guiaran hacia Él comenzó a cumplirse cuando Cristo eligió apóstoles para asociarlos a Su misma misión y prolongarla en el mundo. Los apóstoles, a su vez, eligieron a algunos hombres y “les encomendaron que cuidaran de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les había puesto para ser los pastores de la Iglesia de Dios”, nos explica el Concilio Vaticano II (LG 20). Así, los obispos son los sucesores de los apóstoles y para nosotros “hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Sacerdote, y actúan en su nombre” (LG 21). El episcopado, plenitud del sacramento del Orden, es, por tanto, nuestra garantía de comunión en la Iglesia de Cristo en continuidad con la misión de los apóstoles, y certificado de pertenencia a Cristo mismo, que se hace presente entre nosotros de modo singular en la Eucaristía.

La propia diócesis es, como define el Derecho Canónico, una “porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la colaboración del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica” (CIC 369). El derecho establece con claridad que es en unión con nuestro pastor, nuestro Obispo, con quien formamos la Iglesia. De aquí nace la alegría de sabernos cuidados por Dios, que nos manifiesta la renovación de su deseo de estar presente entre nosotros, enviándonos un Obispo.

D. Ginés va a ser el tercer Obispo Diocesano de Getafe. Nuestro primer Obispo, D. Francisco, se gastó y desgastó por nuestras almas levantando la diócesis hasta que Dios le llamó a su lado. Uno de sus principales colaboradores, D. Joaquín, fue elegido su sucesor y nos ha estado guiando hacia la Verdad en el Amor hasta que la Iglesia, por edad, le ha querido premiar con una nueva misión a los pies de la Madre Maravillas. D. Ginés viene enviado como don de Dios para recordarnos que nuestra vida sólo puede ser Cristo.

Demos gracias a Dios, que nos cuida y mantiene sus promesas. Que se nos inunde el corazón de alegría y confianza al comprobar que el Dios fiel nos sigue enviando pastores según Su Corazón.

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