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¿Quién no se ha frustrado alguna vez ante el reto de la evangelización? El problema está en querer cambiar el mundo con “buenos sermones”. El resultado: un rechazo. Esto nos frustra. Objetivamente, el método no es el correcto. La predicación es importante, pero vayamos al fundamento de ésta. Me limito a citar a uno de los grandes, san Francisco de Asís: Predica el Evangelio en todo momento y, si es necesario, utiliza las palabras. Creo que esto resume “la regla de oro” de la misión: “la caridad evangeliza”. Y ésta, en su sentido más tradicional: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios.

Si miramos a la beata Madre Teresa de Calcuta en acción, no es su discurso lo que hizo vivo el Evangelio. Por otro lado, seguramente hemos tenido experiencia de escuchar a un cura que no expresa bien lo que quiere decir, pero cuya amistad nos muestra que es un hombre de Dios. Podríamos seguir con más gestos que hacen visible el Evangelio, pero llegaríamos a la misma conclusión: es el amor el que hace entender, es el amor el que une... Es el Amor el que evangeliza.

No lo entendamos como un amor superficial o sin fondo. No: es el Amor de Dios que se nos da y que podemos ver día a día. En la medida en que le veamos querernos, sorprendernos, entregarse a nosotros por medio de su Palabra, de un sacramento, de una persona... de su Iglesia, nosotros pediremos amar así. Y lo mejor es que de ese mismo modo aprendemos a amar. Éste es el verdadero fundamento de la evangelización. No es voluntarismo, sino caridad: amar al prójimo por amor a Dios. Estando unidos a Él, amaremos con el amor de Cristo (lema de la carta de nuestro obispo Don Joaquín para el Año de la Caridad), que Él nos enseña y nos da. Y así, nuestra forma de actuar, de pensar, de hablar será cada vez más la de Cristo, que es el que convierte. En el Evangelio, se ve a Jesús rodeado de personas, no tanto por sus milagros, sino por su forma de entenderlas, de quererlas, de ir al centro de cada corazón humano. La predicación, los milagros... todo era para anunciar el mandamiento nuevo del amor. Su persona atraía por su Amor. Si así amamos, quien nos vea podrá decir: vamos con vosotros, pues hemos visto que Dios está con vosotros (Za 8, 23).

La conclusión, en palabras de Benedicto XVI: La Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción. Tengamos esto en cuenta para el Año de la Caridad que, en nuestra diócesis, comienza el 8 de diciembre y que nos prepara para la Gran Misión que empezará en diciembre de 2015.

 

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