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El pasado 14 de diciembre, ocho seminaristas de diferentes cursos recibíamos la admisión a las sagradas órdenes de la mano de nuestro obispo D. Ginés.

¿Qué es este rito? Es una celebración en la cual la Iglesia, a través de los formadores, reconoce el signo de la vocación presbiteral en nosotros y a su vez nos anima a seguir nuestra formación hacia la ordenación sacerdotal, con una doble pregunta en la que manifestamos nuestro deseo de completar nuestra preparación y formar nuestro espíritu para servir fielmente a Cristo y su Iglesia.

En su homilía, nuestro obispo, nos manifestaba el signo de esperanza que suponía este paso, pues verdaderamente Dios sigue llamando a hombres a seguirle más de cerca, como ha llamado siempre. Y es verdad, en todos estos años de seminario, algo que nunca ha dejado de conmoverme es pensar que Dios me llama a ser su sacerdote, que me quiere suyo, que me llama a entregarme para siempre a Él y a su Iglesia. Rebosaban en mi corazón las palabras del profeta: no temas, que te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío (Is 43,1). La llamada es un don de su amor divino tan grande que creo que sólo podré llegar a comprenderlo en el cielo.

Este rito no fue un paso más sino un impulso a lanzarme con mayor fidelidad y entrega a Jesús. Una llamada a crecer en intimidad con Él, una llamada a crecer en el amor. Ante este misterio tan grande no puedo pensar en otra cosa que no sea: “sí, Jesús, contigo y como tú, para siempre”.

Cada uno de los que recibimos la admisión, tenemos nuestra historia, nuestras dificultades, nuestras infidelidades; y eso no es problema para Dios, Él es el Dios de lo imposible, viene a hacer nuevas todas las cosas, y quiere que seamos sus sacerdotes. Él es quien nos va formando y modelando el corazón en un corazón como el suyo. Nosotros sólo queremos seguirle, decirle que sí, y sobretodo darle las gracias por este don inestimable de la vocación, como decía nuestro querido San Juan Pablo II.

Sólo una última cosa: te necesitamos. Necesitamos que nos sostengas con tu oración para llegar a ser santos sacerdotes, vuestros sacerdotes. Y no te olvides de que Dios sigue llamando, ¿y tú? ¿Quieres seguirle?

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